Rita Amada de Jesus

Rita Amada de Jesus


Datos biográficos de la Beata Rita Amada de Jesús
(1848-1913)

Rita Amada de Jesús, nació el 5 de marzo de 1848 en un pequeño casal de la parroquia de Ribafeita de Viseu, en Portugal.

Recibió el bautismo a los pocos días de vida y le fue dado el nombre de Rita Lopes de Almeida. Creció en un ambiente familiar muy religioso donde las tardes se hacía la lectura espiritual, y desde pequeña, manifestó una especial devoción por la Eucaristía, por la Virgen y por San José. Tuvo un particular afecto por el Santo Padre que, en ese tiempo pasaba por un momento difícil, tanto de ser exiliado y, después de algunos años llegó a ser privado del Estado Pontificio.

La masonería portuguesa, en los años treinta, se posesionó de los bienes eclesiásticos e hizo cerrar todas las casas religiosas sea masculinas que femeninas impidiendo la admisión de ninguna novicia; evidentemente la situación hizo perder vitalidad a la Iglesia. Además, muchos obispos y sacerdotes descuidaban su trabajo pastoral y no eran de gran ejemplo, especialmente por las constantes luchas políticas en las cuales se encontraban implicados.

En la familia de Rita, empezando por los padres, se vivía un fuerte deseo de vida cristiana auténtica y empeño apostólico. En este ambiente de fuerte religiosidad nació en el corazón de Rita la vocación de ser misionaria para rescatar a la juventud del peligro de la indiferencia religiosa y de la inmoralidad, así como prodigarse en favor de la familia tan amenazada. Su celo la llevó a ir por los pueblos a rezar con la gente. Enseñaba a recitar el Rosario y exhortaba a imitar las virtudes de la Virgen. Procuraba acercar a las personas de vida menos ejemplar y hacía todos los esfuerzos que podía para regresarlos a la recta vía de la práctica cristiana. Por este motivo fue víctima de amenazas de muerte y, en realidad, trataron de asesinarla. A la oración unía la penitencia.

En sus visitas a Viseu comenzó a tener contactos y a conocer a las Hermanas Benedictinas del Convento de Jesús, y de ellas obtuvo los “instrumentos de penitencia”. Con la ayuda de su confesor, pronto comenzó a darse cuenta de que el Señor la llamaba a la vida consagrada. Pero en ese tiempo estaba prohibido por ley admitir novicias para la vida religiosa. Por lo mismo Rita continuó su vida en el mundo dedicándose al apostolado y a la mortificación, en la esperanza de un día poder consagrarse totalmente al Señor. Sintiéndose interiormente ya “consagrada”, rechazó siempre con decisión cualquier oferta de matrimonio, aunque de personas ricas.

Hacía la Comunión Reparadora, crecía en el fervor eucarístico, en la devoción al Sagrado Corazón de Jesúsy alimentaba así su deseo de salvar almas haciéndose apóstola y misionaria.
Los mismo padre de Rita, partícipes de los mismos sentimientos, llegaron a dar alojamiento en su casa a mujeres de “dudosa fama” pero deseosas de cambiar de vida.

A los 20 años comprendió que debía consagrase a Dios en la vida religiosa. Se confiaba tanto con su madre porque el padre, si bien hombre religioso, siéndole muy apegado, era contrario a sus proyectos de ida religiosa. A pesar de todo, Rita continuó con su idea de consagración sin perder el ánimo, y con 29 años logró finalmente entrar en un convento de Religiosas, la única Congregación en Portugal con permiso por ser una congregación extranjera dedicada solo a la sistencia.

Pronto se da cuenta de que el carisma de la Congregación donde entró no respondía al tipo de apostolado al cual se sentía llamada. También el Director Espiritual de la comunidad, al cual Rita se abría con toda franqueza, comprendió cuál era la voluntad de Dios para ella: acoger y educar a las niñas pobres y abandonadas.

Rita dejó aquellas religiosas de origen francés y, de acuerdo con el Padre Francisco Pereira S.J. buscó la mejor manera para prepararse al desempeño de la misión que la esperaba. Entró en un colegio donde tuvo la posibilidad de hacer experiencia práctica en cuanto reguardaba a las relaciones burocráticas sea con las autoridades civiles que religiosas.

Rita humanamente bien dotada de ingenio y virtud, profundamente religiosa, siempre guiada por el deseo de cumplir la voluntad de Dios, siempre dócil al consejo de su Director Espiritual, con 32 años, cuando deja el colegio, afronta y vence todas las dificultades de orden político y religioso que encuentra en su camino y logra fundar en la Parroquia de Ribafeita, el 24 de septiembre de 1880, un colegio u el Instituto de las Hermanas de Jesús María José en espíritu de Nazaret.

En poco tiempo se difundió la Obra de apostolado en otras diócesis de Portugal. Pero las autoridades civiles de Viseu, Lamego y Guarda, buscaron pronto con todos los medios de obligarla a cerrar la Obra.

Naturalmente, no faltaron las dificultades de orden económico y personal, especialmente con una de sus religiosas. Pero lo peor viene en 1910 cuando, con el inicio de la República, se desató la feroz persecución contra la Iglesia y con la abolición de los Institutos Religiosos, Rita fue privada de todos los bienes que el Instituto poseía y tuvo que regresar a su pueblo.

Con la ayuda de Dios pudo meterse en contacto con algunas de sus Hermanas que se había dispersado y regresó a la vida comunitaria en una humilde casa y así salvó el Instituto enviando a grupos, las Hermanas en Brasil. Allá las religiosas continuaron con su empeño apostólico con el espíritu de la Fundadora que mientras, murió, con el conforto de los últimos sacramentos y en concepto de santidad, en Casalmendinho (parroquia de Ribafeita) el 6 de enero de 1913. Sucesivamente sus restos mortales fueron transferidos del cementerio de Casalmendinho al cementerio de Viseu y finalmente en el 2007 fueron trasladados a la capilla de la Casa religiosa en la misma ciudad y colocados en artística urna de bronce, obra del artista Alessandro Verdi de Bergamo (Italia).

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