Maria Aristea Ceccarelli Bernacchia

Maria Aristea Ceccarelli Bernacchia


Datos biográficos de la Sierva de Dios
María Aristea Ceccarelli Bernacchia
(1883-1971)

María Aristea nace en Ancona (Italia) el 5 de noviembre de 1883 décimo segunda hija de un total de dieciséis hijos, de los cuales solo cinco sobrevivieron a la infancia. El padre Antonio y la madre Nicolina Menghini, bautizaron a la Sierva de Dios el 9 de diciembre del mismo año. La madre era de modesta condición, de carácter cerrado, duro, completamente analfabeta. El padre, Antonio, antes de unirse a ella, estuvo casado con otra mujer, de la cual tuvo un hijo. Tenía un carácter extremadamente agresivo, duro, conflictivo, violento. Era amante del juego, a la bebida y un gran blasfemo. Se transfirieron a Ancona, en el barrio de los Arcos donde habitaban en una casa en pésimas condiciones, lo cual comportaba una grande fatiga para toda la familia. Aristesa desde pequeña, cuando podía, se dirigía a la iglesia del Crucifijo donde pasaba largos momentos hablando con el corazón de Jesús, su gran amigo y confidente. Muchas veces, por esto, llegaba tarde a casa y venía regañada y castigada. Hablaba también con su “Mamita”, la Santísima Virgen María, a la cual cada mañana, en cuanto despertaba, recitaba tres “Ave María”. Cada día trabajaba sin descanso, siendo disponible a tolo lo que le pedían no solo a casa, sino también por parte de las vecinas. A los seis años recibió la Confirmación. Aunque deseaba ardientemente asistir a la escuela, no la mandaban. Se puso de acuerdo con una maestra que, por poco dinero, le daba lecciones. Ganaba dinero realizando otros trabajos y ahorrando en todo, pero no bastaba. Tuvo que dejarlo y no pudo aprender a leer ni escribir. Casi a once años hizo la Primera Comunión, en la total indiferencia de sus padres, que ni siquiera la acompañaron a la iglesia. Su enorme alegría fue solo la intimidad con Jesús, intimidad que aumentó cada vez más.

Después de cuatro años de noviazgo, se casó el 9 de octubre del 1901 con Igino (Gino) Bernacchia, a quien sus padres habían escogido sin pedirle opinión. Él se reveló inmediatamente muy violento, bebedor, blasfemo, con aventuras y amantes. Por toda la vida matrimonial, la maltrató, la ofendió en tantas maneras hasta intentó asesinarla varias veces.
Con el matrimonio se fue a vivir a la casa de sus suegros, unos comerciantes acomodados. Esta familia, a pesar de su bienestar, era extremadamente dividida, contraria a la religión y a la moral cristiana. Más que como una nuera, fue recibida como una servidumbre.
En el 1902, el día de Pascua. M. Aristea tuvo una perforación en el globo ocular derecho, donde desde hace tiempo sufría fuertes dolores. Después de cinco años de tormentosos sufrimientos y curas, se tuvo que someter a la extirpación del ojo. La última cosa que quiso ver con él, fue a la Inmaculada que fue a saludar en la capilla del hospital. Le contaron que dormida bajo los efectos de la anestesia había orado y cantado a la Virgen. Desde aquel momento los sufrimientos, progresivos y siempre más atroces, entre los cuales la neuralgia al trigémino, cólicos y dolores de todo tipo, no la abandonaron más. Cuando el marido viene contratado por la compañía de trenes, se transfieren a Roma y fueron a vivir en la calle Ancona. Aristea comenzó a frecuentar asiduamente la iglesia de Corpus Domini, al inicio de la calle Nometana, donde conoció al Padre Domenico Verrinot, que se convirtió en su padre espiritual. En este periodo fue cuando añadió a su nombre el de María. El 4 de febrero del 1925, el Padre Domenico murió y M. Aristea confió la guía espiritual al Padre Angelo Ferroni, camiliano. En el 1927, muerto el Padre Ferroni, se vuelve su padre espiritual el Padre Bini, también camiliano. La guía del padre Bini la llevó al crecimiento en la caridad y disponibilidad por los enfermos, uniéndola así a la espiritualidad y apostolado de la Orden de San Camilo de Lellis. M. Aristea desarrolló al máximo aquél grande amor por los enfermos, que ya había nacido en sus largos periodos en el hospital. Asistía varias veces a la semana al Sanatorio Humberto I, donde se encontraban los enfermos de tuberculosis, entre los cuales numerosos niños. Visitaba a tantos enfermos en sus casas, consolándolos espiritualmente y ayudando materialmente como podía. Se ofreció como víctima por la Orden de San Camilo y se volvió una fuerte sostenedora de las vocaciones camilianas a las que llamaba “sus hijos”. Por obediencia al Padre Bini aceptó escribir un “Diario” que, siendo casi analfabeta, tuvo que dictar a una amiga.
La casa de M. Aristea se abrió cada vez más a las personas de toda edad y condición, que acudían a ella en busca de consejo, oración, intercesión, luz, ayuda y consuelo espiritual. Algunas notables personalidades la tenían en gran estima, como el Presidente de la República Italiana el tiempo, Antonio Segni y su familia, que con frecuencia la invitaban al Quirinal. La inmensa paciencia, humildad, resignación, amor, mansedumbre y oración de M. Aristea obtuvieron la conversión del marido, que murió reconciliado con Dios el 30 de enero del 1964. Fue un gran dolor para Aristea, que lo había siempre amado, venerado y obedecido, viendo en él la mano de Dios que la purificaba incesantemente. Sus enfermedades y sufrimientos crecían incesantemente. Fue golpeada también por la hidropesía y, en el mes de abril del 1968, el corazón empeoró notablemente ya casi no salía. Recibía cada día la Santa Comunión. Sus condiciones de salud se agravaban siempre más, no pedía nada, agradecía todo, y restaba habitualmente absorta en continua y profunda oración. Muchas personas se dirigían a su casa para verla con vida por última vez. Al final de una vida de inauditos sufrimientos, soportados con fe, paciencia y amor excepcionales, murió a las 23:25 del 24 de diciembre del 1971. Era la vigilia de Navidad, la fiesta que tanto amaba.
Los funerales fueron celebrados solemnemente en la parroquia de San Camilo de Lellis el 26 de diciembre. A la celebración se encontraba presente un numeroso clero, religiosos y una multitud de fieles. Fue sepulta, en un primer momento, en el cementerio Verano en la capilla de los Padres Camilianos. El 17 de mayo del 1972 su cuerpo fue trasladado a la iglesia de San Camilo donde ahora reposa y donde numerosas personas cotidianamente visitan su sepultura, en muchos se piden su intercesión para obtener especiales gracias.

Biografía:
María Aristea, Ricordi di Hans J. Hofen, Roma 1984

Actor de la Causa: Orden de los Ministros de los Enfermos

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