Franz de Castro Holzwarth

Franz de Castro Holzwarth


Datos biográficos del Siervo de Dios Franz de Castro Holzwarth
(1949-1981)

En 1942, el 18 de mayo, en la ciudad de Barra do Piraí, en el Estado de Río de Janeiro, nació Franz de Castro Holzwarth. Hijo de Franz y Dinorah de Castro Holzwarth. El Siervo de Dios vive una infancia normal como tantos niños de aquella época. El niño se caracterizaba por un físico muy grácil, pero desde el principio se distinguió por una aguda inteligencia. A los catorce años comienza a trabajar en la Secretaría del Tribunal y después será funcionario de la Banca de Comercio e Industria del Estado de Minas Gerais.

Después de terminar la escuela superior, se transfiere a la ciudad de Jacareí, Estado de San Paolo, en la casa de sus tíos, Quinzinho y Lygia, donde comienza a estudiar para el curso de preparación que sirve para ingresar a la Facultad de Derecho. Así en el 1963 con toda su determinación y empeño comienza los estudios en Derecho en la Facultad del Vale du Pará, en San José dos Campos, Estado de San Paolo.

En el 1965, el Siervo de Dios, comienza a trabajar como Asistente en el oficio administrativo del Juez de Jacareí. En el 1967, escribe a un amigo sacerdote: “lo que para mí cuenta es vivir mi vida en Cristo, y donarme a los demás como un sacerdote. En mí está este deseo de total donación. Espero en Dios que se haga Su Voluntad. Estoy listo para todo lo que Él quiera…”.

El 14 de julio de 1968, después de haber conseguido la habilitación y la sucesiva inscripción en el Albo de los Abogados de Brasil, comienza su trabajo de abogado.

Desde el principio comienza su ascenso profesional, como narra el Doct. Silvio Marques Neto, Juez, que trabajó con él en San José dos Campos: “Todos los jueces eran unánimes en elogiar su trabajo, preciso, conciso, tenía una óptima motivación y era muy valiente”.

Franz asiste a un diaconado en el Convento de Sagrado Corazón de Jesús de los Padres Deonianos, en Taubaté, Estado de San Paolo. Sintió una llamada dentro de sí, una cosa que movió todavía más aquello que ya hacía. De hecho precedentemente habló en una cárcel a 18 personas, se trataba de gente muy enferma o en fin de vida. Estos hombres se estaban preparando a la Confirmación, el Siervo de Dios decidió de hablar de la manera más simple, habló de corazón a corazón. .Quería llegar a tocar el ánimo de cada uno de ellos, hacer llegar la presencia de Cristo en sus corazones; aquél fue el primero de tantos encuentros. Fue propio ahí que encontró su verdadera vocación: trabajar con los detenidos.

En el 1973, Franz ingresó en la APAC (Asociación de Protección y Asistencia a los Condenados) de San José dos Campos, trabajando con el fundador y amigo, Mario Ottoboni. Numerosos viajes, retiros, visitas, oraciones y encuentros reforzaron cada vez más su amistad y colaboración por los “hermanos” encarcelados. La presencia más importante era la de Cristo, presencia viva en el mensaje que llegaba a los condenados.

Cuando Franz visitaba las cárceles era comúnmente visto en fondo a la sala en la cual encontraba a los encarcelados que recitaba un Avemaría, que escuchaba alguno o que daba consejo espiritual a otro. Era siempre el último en andar a dormir, se dedicaba a todos, daba siempre a los demás la preferencia también cuando lo detenían por los corredores. Al amanecer despertaba a los colegas y con la Biblia bajo el brazo empezaba su trabajo transmitiendo una gran alegría y positividad a todos.

El juez Silvio Marques Neto, en cuanto reguarda a su trabajo como abogado dice: “Era un profesionista de éxito que, a su vez, tomaba el último autobús de línea o taxi para ir a visitar a un pariente enfermo. Este era su modo de amar y de vivir en medio a sus hermanos y desde hace tiempo decidió de donar la propia vida. Tal vez sin saber cómo o cuánto le hubiera costado, cuánto hubiera sido importante su presencia en nuestro futuro”.

El 14 de febrero del 1981, hacia las 13:00, el presidente de la APAC, Mario Ottoboni, recibe una llamada telefónica del entonces jefe de la policía João Crysóstomo de Oliveira, pidiéndole de seguirlo junto con el Siervo de Dios a la cárcel de Jacareí. Había iniciado una revuelta y los dos habían sido llamados como mediadores para las negociaciones. Cuando Franz esperaba a Ottoboni en la cárcel de San José, percibió que algo no estaba bien, aun así Franz dijo que Jacareí formaba parte de una misión muy importante, por lo mismo era necesario afrontar la situación de inmediato y pidió de rezar por él.

La policía informó que la situación de la cárcel no era buena, de hecho tres personas estaban en manos de los rebeldes. Se trataba de un carcelero, un empleado y un policía militar. Y pidieron que Franz y el presidente del APAC fueran los mediadores con los malvivientes. Cuando los dos llegaron a Jacareí, el Juez Magistrado de las Prisiones, Orlando Pistorezzi, había comenzado a negociar telefónicamente con el líder de la revuelta, el detenido Nilo. Él quería que la negociación fuera hecha por los dos abogados, y que sus vidas fueran respetadas. El siervo de Dios gozaba de tanto prestigio en toda la comunidad carcelaria de Jacareí, habló con diversos revoltosos antes de interrumpir la llamada telefónica.

Se acordó de tener dos autos: uno con algunos prisioneros rebeldes, dos rehenes y el juez Ottoboni; otra con el resto de los rebeldes, un rehén y Franz. El primer grupo subió al auto con Ottoboni que fue liberado después de un kilómetro sin ningún problema. Cuando llegó el momento de segundo grupo se vio inmediatamente que la situación era diferente. Se intentaba continuar con el acuerdo, subía la tensión entre la policía y los rebeldes. El auto no se detuvo en el lugar acordado, así se entendía que las autoridades no tenía porque mantener el acuerdo. La policía comenzó a exigir la liberación del Policía Militar rehén, antes de entregar el auto, rompiendo así el primer acuerdo. Mientras tanto había regresado a la cárcel y confirmó el éxito de la primera operación y propuso de continuar del mismo modo. Pero no fue escuchado por ninguna autoridad. El clima se vuelve cada vez más tenso. El Siervo de Dios pasó a ser mediador-rehén. El juez aseguraba que liberando a los rehenes habrían entregado el auto y que ni a los rebeldes ni Franz les hubiera sucedido nada. Así Franz solicitó a Ottoboni que acercara el auto lo más cerca posible al lugar establecido. Ottoboni pidió a los detenidos de mantenerse lo más cerca posible a Franz mientras salían; uno de los rebeldes respondió: “Señor Mario, pueden confiar en nosotros”. Inmediatamente después de este diálogo, Ottoboni se apresuró a salir con el rehén, dejando “en cambio” a Franz con los rebeldes como mediador y rehén. En cuanto Ottoboni y la otra persona salieron corriendo, la policía comenzó a disparar hacia el auto con los detenidos y el Siervo de Dios. Fueron todos asesinados, incluyendo Franz de Castro, con más de treinta perforaciones en todo el cuerpo.

Moría un hombre y nacía un Mártir, un ejemplo de vida, de solidaridad, de amor y viva presencia cristiana. Franz cumplía su última misión como hombre de paz y de justicia. Fue sepulto en la tumba de familia en el cementerio de Barra do Paraí. En el 2010 sus restos mortales vinieron trasladados a la Iglesia Principal de Sao José dos Campos- Sao Paolo (Brasile).

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